viernes, 21 de enero de 2011

COMO DUELE UN ADIÓS...

Duele un adiós, pero a veces no nos queda más remedio que decirlo. Nos despedimos de un amor, de un familiar, de un amigo...
Decir adiós no es sencillo y más cuando te pilla por sorpresa, desprevenida o desorientada... y más difícil aún cuando la persona que se marcha es un ser querido. Pero hay que ser valientes, aceptar el final y reponernos con fuerzas para intentar vivir aquella vida que nos han cegado en un instante. Es duro, lo se, pero no nos queda otra que mirar hacia delante y seguir, pese al dolor de nuestra alma desgarrada.
Es difícil escribir sobre el adiós porque ¿ cómo se describe ese vacío que se siente en el corazón ?, no existen palabras...
Se dan muchos vacíos a lo largo de nuestra vida, amores que se terminan, familiares que se van, amigos que ya no volverás a ver, y son todos esos vacíos los que desgraciadamente deben hacernos más fuertes cada día.
Siempre hay que decir lo que uno siente hacia todos aquellos que le rodean, por que núnca se sabe sin esas serán las últimas palabras que escuchen de tí o que tú pronuncies. Vive cada día con una sonrísa por que quizás sea la última sonrisa que vean o tu última sonrisa. Abraza y deja que te abracen por que eso es siempre lo que te dejará huella, y lo que vivirá eternamente. Diles que les quieres y embriagate de cada palabra o gesto que recibas por que eso te llenará de dicha y te hará vivir en paz y armonía.
A veces es verdad que intentamos cerrar los ojos y deseamos que al abrirlos, todo haya sido un mal sueño, pero es díficil cerrar esos ojos y ver como al despertar nada ha sido un sueño.
Las tristezas que nos crea un adiós son como cuchillos que se clavan, pero hay que recordar siempre que el tiempo sana las heridas creadas aunque a veces nos parezca interminable. Segura estoy, por que así lo he sentido, que llega el momento en que mirás al cielo y recuerdas que esa persona que tu tanto quisíste jamás quiso verte triste, que siempre te quiso sonriente y lúchas, lúchas por renacer de nuevo, por sonreir cada día, por buscar esa luz que otra persona puede ofrecerte, cierras etapas de tu vida y abres otras nuevas que de seguro te reportarán experiencias que marcarán tu vida, como ya huellas dejaron otras. Recuerdas que sólo muere aquello que no fue real, que todo aquel amor, amistad o querer que sentiste por esa persona que hoy ya no está, fue lo más hermoso y sincero que pudiste vivir y ese sentir, no morirá nunca.
Un beso mando desde aquí a todas esas personas a las que un día tuve que decir adiós.
Mónica García Torres

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